Tuesday, February 20, 2007

07-02-20: La cuestión religiosa

Este es un texto viejo, que recupero para mi blog.

El ecumenismo y la tolerancia religiosa

Con estas notas se pretende promover la tolerancia entre los seres humanos, particularmente en materias religiosas. Creo que el mundo debe ser un hogar que acoja por igual a los miembros de todas las creencias religiosas en armonía, y que evite que las diferencias religiosas dividan al género humano. Creo que las cuestiones religiosas, las cuestiones éticas y morales, y las cuestiones científicas, tratadas adecuadamente cada una en su propio espacio, pueden convivir en un ambiente de tolerancia y respeto.

Creo que el diálogo entre los seres humanos se facilita cuando se aceptan con tolerancia y respeto las diferencias en materia religiosa y de fe. Un principio fundamental es, pues, respetar las fes de los otros. Promuevo el ecumenismo, entendido como la capacidad de diálogo de seres humanos con fes distintas. No debemos estar dispuestos a imponerles nuestras creencias, en especial las religiosas, a otros, así sea por su propio bien. Abomino de los conflictos humanos en general y de los conflictos humanos que tienen un sustrato religioso en particular, como el conflicto entre israelíes (judíos) y palestinos (musulmanes), o entre ingleses (protestantes) e irlandeses (católicos). Por el contrario, creo en una visión ecuménica, donde las diferencias religiosas no sean fuente de conflicto entre los seres humanos. Me parece que una sociedad bien organizada debe ser capaz de tolerar a diferentes expresiones religiosas, pero reconozco que el mundo actual está lejos de esa situación ideal.

Mi fe (o falta de ella)

En el plano personal, no soy un hombre religioso ni creo en Dios, o dioses. La pregunta de si creo en Dios me parece superflua. No tengo cómo saber si Dios existe. No sé si hay un dios, o muchos. No soy ni mono ni politeísta. Más precisamente, no soy teísta. No es que niegue a Dios, así como no lo afirmo. Simplemente, no sé si Dios existe.

Preguntarme sobre la existencia de Dios me parece una cuestión bizantina. Si Dios existe, supongo que será de una naturaleza tan inescrutable que Él entenderá que yo frente a Él me muestre perplejo. Puedo convivir con la incertidumbre. Sé que hay muchas cosas que no sabemos. Pienso que es mejor convivir con la ignorancia que con el error. No creo en ninguna autoridad que tenga la verdad absoluta, o que esté libre de la posibilidad de error. Creo en el libre examen de una comunidad bien informada como el procedimiento para ir desterrando el error de nuestras creencias. Creo, además, que la capacidad de convivir con la incertidumbre fomenta la tolerancia: la intolerancia frecuentemente surge de la convicción de algunos individuos de ser poseedores de la verdad absoluta.

Puede ser que Dios sea las fuerzas que dan forma al Universo. Todavía queda por entender qué hay detrás del Big Bang. Cualquier cosa que lo haya causado podría ser interpretada como Dios. Cómo relacionarse con Dios, por lo tanto, me parece un enigma.

Me parece que los seres humanos siempre han creado un Dios a su medida. Por lo tanto, me parece que el concepto de Dios que los hombres han construido dice más de los hombres que de Dios.

Mi actitud frente al cristianismo

Con respecto al cristianismo, diré que dudo hasta el escepticismo de cosas como que Jesús haya sido Dios, o de que su madre, María, haya sido virgen. En el catolicismo que me tocó en suerte, se negaba incluso que Jesús tuviera hermanos, a pesar de que lo dice explícitamente la Biblia (aunque no en la que yo leía: en ella los hermanos de Jesús eran convertidos en “primos hermanos”: lo que se nota es un esfuerzo evidente de divinizar a Jesús).

Así mismo, no creo en conceptos como el cielo o el infierno, aunque recientemente el Vaticano declaró que el infierno no es “un lugar”. Me pregunto si en un futuro pasará lo mismo con el cielo.

No creo en la “resurrección de los muertos”. No creo que los seres humanos tengan una “dimensión espiritual” que pueda sobrevivir al fin de la vida corporal. La noción de “alma” me parece no más que una metáfora. Me parece que lo que llamamos “alma” “muere” cuando muere el ser humano. De igual manera, la idea de la reencarnación, común en otras religiones, me parece aún más exótica y, por lo tanto, menos verosímil.

Me escandaliza que ciertos movimientos sociales recientes interpreten literalmente la creación de la vida que está descrita en la Biblia y que, por lo tanto, nieguen la masiva evidencia científica en contra de la evolución. Promuevo una visión secular del universo y la sociedad. Creo que el origen de la vida y de la humanidad en la Tierra es una cuestión que mejor aborda la ciencia que la fe. Al respecto, acepto como mejor respuesta provisional a los datos disponibles la teoría de que la vida y la humanidad surgieron en la Tierra por un proceso evolutivo que ha tomado miles de millones de años, del cual todavía ignoramos muchos aspectos puntuales.

No creo que la vida sea “sagrada”, en algún sentido místico. Pienso que el respeto a la vida es una regla adecuada de convivencia social y con la naturaleza, pero no es, en modo alguno, una regla inflexible que no admita interpretaciones. Prefiero un agnóstico que, por razones éticas y morales, se niegue a matar en la generalidad de las situaciones, a un cristiano que nominalmente respete el mandamiento de “no matarás”, pero que en la práctica pueda considerar excepciones a esa regla, como en el caso extremo del exterminio de seis millones de judíos en campos de concentración nazis. Me parece contradictorio, por ejemplo, que un cristiano apoye la pena de muerte. Yo mismo no la apoyo, pero por razones éticas y morales, no por razones dogmáticas.

Pienso que el aborto, así no me guste en el plano individual, es una decisión que la sociedad debe dejar tomar libremente a sus individuos. Pienso que a la sociedad en su conjunto no le hace daño que una mujer o una pareja decidan interrumpir un embarazo no deseado, y por lo tanto pienso que la sociedad no tiene ningún derecho a normatizar un comportamiento que debe ser mejor decidido en el ámbito del individuo o la pareja. Pienso que cada niño que nace debe ser deseado. Pienso que cada mujer o pareja que decide interrumpir un embarazo no está interrumpiendo una “vida” en ningún sentido significativo. Pienso que las posiciones anti-aborto que se justifican como defensoras de la vida cometen el doble error de atribuirle a la vida un sentido sagrado y de juzgar que un feto tiene vida o consciencia en algún sentido significativo.

El uso de anticonceptivos para disfrutar de la sexualidad sin el riesgo de embarazos no deseados o para prevenir la difusión de enfermedades de transmisión sexual me parece perfectamente legítimo.

Creo que la procreación no es el fin único y exclusivo de la sexualidad. Los seres humanos derivan placer de la sexualidad, y creo que están en todo su derecho de gozarla sin cohibirse por la posibilidad de la procreación. Si los seres humanos tienen, como en efecto tienen, la capacidad técnica de separar la sexualidad de la procreación, me parece correcto que lo hagan si lo que desean es derivar placer de la primera sin tener que enfrentar, si no lo desean, la posibilidad de la segunda.

Creo que la discriminación laboral por razones de género es insostenible. En particular, no entiendo por qué la religión católica niega el sacerdocio a las mujeres.

Así como no soy cristiano católico en términos religiosos, sí soy católico en términos culturales. Soy heredero de la tradición occidental que conjuga y desarrolla los elementos provistos por las culturas griega y romana y por la religión judeo-cristiana. En particular, soy heredero de la noción de “pecado” que probablemente Pablo introdujo en el cristianismo, y de la tradición occidental de la contrarreforma y la Inquisición que en España impulsó Felipe II, que tanta influencia tuvo en la conquista y la colonia de América, y que se mantiene hasta hoy. La historia de América no se podría entender sin la historia de los esfuerzos adoctrinadores de los ibéricos, y su influencia sobre Colombia y, en particular, sobre mí, es inmensa. La historia de Colombia está permanentemente cruzada por la influencia de la religión y el clero en la vida social, política, cultural y económica del país.

Mi visión no creyente, no religiosa, no está planteada para antagonizar a los creyentes en general o a los cristianos en particular. Mi visión ecuménica y tolerante exige para sí misma el mismo respeto que otorga a otras visiones. Plantear desacuerdos en materias religiosas no se debe entender como una ofensa, sino como una simple afirmación de la diversidad.

La posibilidad de los valores sin la fe

Todo lo anterior no implica que me sienta incapaz de la ética y de otros elevados propósitos, de lo que alguien más llamaría una “vida espiritual”. Pienso que un ser humano sin el soporte de la religión no es un ser humano sin principios ni valores morales. No creo que los seres humanos tengan una dimensión espiritual, pero sí creo que tienen una dimensión ética y moral. No pienso que un ser humano sea “peor” por no tener religión.

Buscar una rica vida espiritual, si bien me parece fácticamente imposible (en el sentido de que no creo que exista un “espíritu” independiente de la materia corporal), me parece metafóricamente adecuado. Creo, con el cristianismo, que la búsqueda de fines materiales en la vida, con exclusión de todos los demás, produce una vida extremadamente pobre. Bajo el entendido de que la noción de “vida espiritual” es una metáfora y no una descripción precisa de algo que en realidad existe, me parece que un individuo debe esforzarse por buscar una rica vida espiritual. Mi propósito es buscar una rica “vida espiritual” sin tener que justificarla por medio de una religión dogmática.
Creo, como afirman ciertas teorías biológicas recientes, que los seres humanos tenemos una cierta propensión biológica a creer en cuestiones de tipo religioso. Sin embargo, creo que el origen de los principios morales no es religioso: me parece que ellos son el producto de un proceso evolutivo, tanto biológico como social. Creo que la justificación de nuestras acciones no puede estar en unos pretendidos “cielo” o “infierno”. A las convenciones que facilitan la convivencia social no les otorgo un valor místico sino un mero sentido práctico. Una sociedad no maneja por la derecha (o por la izquierda) porque “Dios dijo”.

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