Tuesday, June 14, 2011

11-06-14: ¡Que María Inés Agudelo vuelva al Inco!

María Inés Agudelo ha renunciado a la dirección del Instituto Nacional de Concesiones (Inco) porque, bajo el efecto del alcohol, arrolló a un policía mientras conducía. Afortunadamente no lo mató, pero le causó lesiones de consideración. Todas mis simpatías están con María Inés. Se podrá decir que no soy neutro en esta discusión, porque estuve casado con ella y, a diferencia de otras separaciones, le sigo guardando un enorme cariño. A María Inés la admiro y la respeto.

Me parece que María Inés se equivocó renunciando, y el Ministro se equivocó aceptándole la renuncia. Según información de prensa, ella renunció porque “manejar con tragos tiene su consecuencia y en este momento quiero responder por esa falta”. Eso es cierto, y lo que ella dice es muestra de su decencia fundamental como ser humano. Supongo que María Inés debe responder por la responsabilidad que le quepa en el infortunado accidente. De eso no cabe duda. Atropellar a alguien cuando se está bajo el efecto del alcohol no es una cosa encomiable.

Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. No creo que ese accidente ponga en tela de juicio la capacidad de María Inés para dirigir el Inco, o la conveniencia de que lo haga (a menos que la sanción que le puedan imponer la inhabilite de alguna manera para ejercer el cargo). María Inés estaba haciendo una gran labor en una entidad que requería urgentemente una cirugía profunda. Ese proceso queda por lo menos temporalmente truncado. Colombia pierde una funcionaria honesta en un cargo fundamental, donde antes había imperado el desgreño y la corrupción. Además, con los escándalos que hoy azotan la contratación pública, el momento no podía ser más infortunado. Ese no puede ser un buen arreglo para el país.

Mi solidaridad está con el policía y con María Inés. Ella está actuando con gallardía en un país que no se caracteriza por esa cualidad. No quiero minimizar su falta, pero no creo que ella deba ser juzgada con una severidad innecesaria, entre otras razones porque no hay un ser humano perfecto, y todos requerimos cierta indulgencia. Supongo que éste será un duro golpe para ella. Ante eso, solo un mensaje: fortaleza de carácter, que ya ha demostrado antes. Estoy seguro de que las cualidades que le están sugiriendo que, por un sentido del deber exaltado, ella debe renunciar ahora, la harán volver a la escena nacional: Colombia no puede perderse de funcionarios como ella. Lo ideal sería que volviera a la dirección del Inco.

Sunday, June 12, 2011

11-06-12: El pragmatismo en la coyuntura política

En los últimos días, ha habido dos enfrentamientos muy interesantes en la política colombiana: por una parte, está el que opone a los uribistas y los santistas, y, por otra, está el que opone a Peñalosa y Mockus.

El enfrentamiento entre los uribistas y los santistas se debe, en esencia, a que los uribistas creen que Santos no hubiera llegado a la presidencia sin los votos de Uribe, y que aquél, una vez acomodado en el poder, se ha dedicado a "traicionar" las ideas de éste. Los perros rabiosos del uribismo se han dedicado a abusar verbalmente de Santos, y al propio Uribe se le han escapado algunos trinos manifestando su inconformidad. Santos, en general, se ha dedicado a ignorar a los uribistas.

Y hace bien. Uribe es, como debería ser, un periódico de ayer en la política colombiana. Una regla de etiqueta mínima en un país civilizado es que el presidente saliente desaparezca de la escena política.

Una discusión interesante es qué tanto Santos es la continuidad de Uribe. Ciertamente, así se vendió durante la campaña electoral. Pero, ya en la presidencia, se han visto diferencias entre Uribe y Santos. De forma y de fondo. El modelo Santos presidente parece haber sido del agrado del país. Su aprobación en las encuestas es muy alta, y ha logrado aproximarse al liberalismo sin desprenderse del uribismo, al menos el que no es tan fanático. Hoy Santos se perfila como el reunificador del liberalismo (y Ernesto Samper se apresta para impedirlo, relanzando el ala "socialdemócrata" del partido: la misma fórmula que alejó al liberalismo del poder desde 1998). El uribismo fanático sí está incómodo con Santos y con lo que llama esa agua tibia que no es chicha ni limoná.

Problema de ellos. Santos hace bien en desmarcarse de Uribe y en ser un presidente independiente. Con eso da muestras de un pragmatismo muy importante en política. Santos fue el vocero más locuaz en contra de Chávez antes de ser presidente, y ahora ha recompuesto las relaciones con Venezuela. Santos nombró ministros que parecían diseñados para molestar a Uribe, como Germán Vargas Lleras o Juan Camilo Restrepo. Uribe creyó que, para aprobar el TLC con Estados Unidos, bastaba congraciarse con los republicanos; Santos ha comprendido que, sin demócratas, no hay TLC. El gobierno de Santos ha pasado leyes que hubieran sido impensables bajo el gobierno de Uribe. Santos ha dicho que claro que hay conflicto, cosa que Uribe siempre se negó a aceptar. Santos ha puesto la seguridad democrática después de la prosperidad democrática; Uribe siempre sostuvo que el principal problema de la economía era la inseguridad. En síntesis, Santos pareció ser una cosa y terminó siendo otra, con la cual la mayoría de colombianos se sienten contentos.

A lo que parecía ser Santos se opusieron los verdes en la última contienda electoral. Los verdes recogieron las fuertes, aunque quizás no muy numerosas, antipatías que levanta Uribe. Los antiuribistas se reunieron alrededor de los verdes, y en particular alrededor de Antanas Mockus. En un momento pareció que Mockus iba a ser capaz de derrotar a Santos. Se habló de la ola verde. Pero luego vino el peor enemigo de Mockus, él mismo, e hizo el peor cierre de campaña que uno hubiera podido concebir. Mockus demostró no tener ningún tacto político.

Y lo está volviendo a demostrar. El ejercicio de los verdes en la campaña presidencial fue un ejercicio de esperanza: gente buena con ganas de juntarse para construir país. Ahí Mockus no se equivocó cuando se juntó con Peñalosa y Garzón. Fajardo no entendió el mensaje y se lanzó por la vía personalista: le fue mal. Mockus se equivocó cuando apareció la posibilidad real de que el candidato verde fuera presidente de la república. Como ya dije, hizo el peor cierre de campaña que uno pueda imaginar.

Y, para añadir insulto a la injuria, ahora se retira del Partido Verde porque éste escogió como candidato a la alcaldía de Bogotá a Peñalosa y aceptó el respaldo de Uribe. Ahí Mockus se equivoca: para ganar en política hay que sumar. Si Uribe quiere votar por Peñalosa, que lo haga. Si Peñalosa gana, ganan los verdes, no Uribe. Si Uribe no controla el gobierno de Colombia, porque Santos le salió independiente, mucho menos podrá controlar el gobierno de Bogotá, en cabeza de un partido que no es uribista.

Mockus dirá que tiene principios, y que esos principios le impiden sentarse en la misma mesa con Uribe. Una tontería. La línea entre los principios y el dogmatismo ciego es muy fina, y es fácil cruzarla. Uribe también tiene sus principios, y el hecho de que sean tan rígidos es lo que molesta a los antiuribistas. No es necesario ser extremista para tener principios, y Mockus se equivoca queriéndose definir como el extremo contrario de Uribe.

Aquí es donde hay que aprender lecciones de Santos: él también tiene sus principios, pero no deja que el dogmatismo lo ciegue. Si es necesario sentarse con Chávez, él se sienta. Es una tontería cuando los principios se oponen al logro de unos resultados deseables. Para los verdes, lo deseable es que el Partido Verde se consolide, y que Peñalosa llegue a la alcaldía. Mockus, sin tino político, compromete todo eso. Fajardo, que metió las patas una vez, ha aprendido la lección, y regaña a Mockus con toda la razón.

A Santos le ha servido su pragmatismo, y a Mockus le hubiera convenido aprender de él. Lo cual no quiere decir que Santos sea perfecto. El gobierno de Santos parece un buque que va más o menos en la dirección correcta, pero no con la suficiente velocidad. O, para utilizar un símil futbolístico, el gobierno de Santos hoy se parece más al Real Madrid que al Barcelona: está lleno de figuras, pero le hace falta empezar a ganar partidos. Sin embargo, por lo menos por ahora, la gente está contenta con él. El gobierno de Uribe tuvo muchos méritos, pero, cuando se trata de prolongar la influencia política más allá de lo debido, se cometen errores que comienzan a empañar la buena imagen de lo que se hizo. Santos le recuerda al país los beneficios de tener un uribismo sin Uribe.

Friday, June 10, 2011

11-06-10: "Filalogía"

A todos nos ha pasado, sobre todo en una sociedad como la colombiana: nos disponemos a hacer cola en algún lugar (un banco, un cine, un cajero de un restaurante de comida rápida, un parqueadero) y algún avivato, que manifiestamente llega después, aprovecha la más mínima excusa para hacerse adelante de uno en la fila.

En esos casos no siempre reacciono igual. A veces me tomo la molestia de decir: "señor: ¡respete!"; a veces simplemente aprovecho la oportunidad para hacer, para mis adentros, un poco de sociología amateur.

La pregunta es por qué un acto tan grosero es tan común en una sociedad como la colombiana. En Inglaterra las cosas son tan distintas que alguna vez un extranjero caracterizó a los ingleses como un pueblo que siempre hace colas ordenadas, incluso cuando solo hay una persona: ¡los ingleses hacen una ordenada fila de uno!

Yo tomo el desprecio por las colas como una manifestación profunda de la índole moral de los colombianos: en el fondo de nuestro etos como sociedad está la creencia de que el otro no importa, que no debe ser respetado, que yo estoy primero que él.

Algunos sostienen que el principio fundamental de la ética es la valoración del otro. Según ésto, uno no podría tener una visión ética de las cosas si no toma en cuenta el punto de vista de los otros. Esta idea está detrás de las doctrinas de filósofos morales tan distintos como Adam Smith o John Rawls.

Aún más: uno podría decir que la principal discusión ético-política es la discusión de si uno debe comportarse de manera egoísta (pensando primariamente en el bienestar de uno), o altruista (pensando primariamente en el bienestar de los demás). Esta discusión subyace al debate entre capitalismo y socialismo. En el capitalismo se legitima la búsqueda del interés particular, mientras que en el socialismo no.

Pues bien, aunque en Colombia nuestra Constitución nos dice que somos un "Estado Social de Derecho", la evidencia preliminar provista por la sociología amateur nos dice que en nuestro país realmente creemos que el otro no importa y que no debe ser respetado. En estas circunstancias, ¿cuándo respeta uno al otro? Solo cuando es más fuerte, no cuando es más débil. Ser débil en una sociedad como la nuestra es una desgracia.

Yo creo que ese desinterés por el otro está en la base de nuestros problemas como sociedad. No hemos podido construir una sociedad justa porque no pensamos adecuadamente en los intereses de los otros: gastamos mucho más tiempo pensando cómo hacemos prevalecer nuestros intereses sobre los de los demás. Eso lo tenemos tan incorporado que ya se hace de manera inconsciente, y por lo tanto nos cuesta trabajo reflexionar sobre algo que se nos ha vuelto invisible.

También es interesante interpretar la tecnología que se desarrolla para evitar las colas como una aproximación de la tecnología que desarrolla la sociedad para superar los problemas sociales. Una solución obvia para las colas es poner más cajeros, es decir, ampliar las oportunidades. ¿Pero aquí cómo debemos proceder? ¿Haciendo una cola por cajero? Esta es la práctica común en Colombia, pero no parece justa: la gente trata de cambiarse de una cola a otra, dependiendo de cuál se mueve más rápido. Es evidente que la gente aprovecha la multiplicidad de cajeros como una excusa para adelantarse a los que estaban primero: "ah, señor, es que ese cajero estaba vacío". De esta manera, aunque hay varios cajeros, la lógica de que el otro no importa continúa.

Otra tecnología es poner cordones para hacer respetar las colas. Pero estos cordones, cuando se hace más de una cola, sirven para enfatizar la discriminación, no para eliminarla. Esto es particularmente obvio en los bancos donde hay filas especiales para los titulares o los clientes VIP, o en los cines donde se venden boletas con tarjetas prepago.

Por último, está el papel de los individuos. He descubierto, por ejemplo, que, si usted no es cliente de un banco, pero hace la cola de los titulares, el cajero lo atiende igual. Esto, obviamente, genera incentivos para que uno se haga en la cola rápida, así no tenga el "derecho" de hacerse en ella. Y también está la presión ciudadana. Es manifiesto que la gente tiende a respetar más las colas si quienes las hacen protestan sonoramente cuando alguien intenta pasarse de listo. Esa presión social me parece fundamental.

Es interesante ver cómo se va construyendo una cultura social en un fenómeno tan simple como las colas. Quizás aprender a hacer colas no nos vuelva desarrollados, pero apreciar cómo las hacemos sí nos indica, de manera simple, el grado de desarrollo social que tenemos.

Sunday, May 29, 2011

11-05-30: México y Perú vistos a través de mis anteojos

En los últimos meses he tenido la suerte de viajar a México y Perú, a pagar la deuda histórica de conocer los emplazamientos de las grandes civilizaciones precolombinas, la azteca, la maya y la inca, entre otras. La fama de estas civilizaciones es bien merecida. Las ruinas que hoy quedan siguen siendo espectaculares. Me da un poco de vergüenza admitir que me tomó mucho tiempo conocer lo más preciado de la herencia prehispánica latinoamericana.

Sin embargo, más allá de las construcciones en piedra, lo que uno ve no deja de doler. Lo que se aprecia con claridad en México y Perú es que el encuentro de dos mundos que sucedió hace más de quinientos años fue en realidad un choque cataclísmico, del cual todavía no nos recuperamos.

Los aztecas y los incas fueron unos imperios jóvenes, que desaparecieron prematuramente debido a la invasión española. Es difícil entender cómo sucedió eso, porque, en ambos casos, unas pocas centenas de europeos lograron conquistar imperios con ejércitos de miles de personas y millones de habitantes.

Naturalmente, los españoles fueron favorecidos por el desequilibrio tecnológico, basado en el barco, el acero, la pólvora y el caballo. Los aztecas y los incas, en cambio, al parecer no conocían la rueda. Aunque sí tenían sistemas de registro, no hay evidencia de que los incas tuvieran escritura en el sentido moderno del término. Los españoles también fueron favorecidos por la superstición, las enfermedades importadas de Europa y las guerras civiles que encontraron en América.

Aunque lo que es América hoy le debe tanto a su herencia india y negra como española, es imposible no llegar a la conclusión de que la conquista fue un proceso brutal y absolutamente injusto por medio del cual a los indios les arrebataron sus tierras y los sometieron a una condición humillante.

Para ilustrar esa condición, solo voy a contar una anécdota: cuando subí a Machu Picchu, compartí una guía con un pequeño grupo que, por casualidad, resultó ser de colombianos. En lo más alto de la montaña, uno de los miembros del grupo tuvo el irrefrenable impulso de gritar. Rápidamente fue callado por la guía, quien le explicó que en ese lugar sagrado estaba prohibido gritar. Una de las acompañantes del personaje reprendido completó la amonestación: le dijo "se te salió el indio".

Dudo que la mujer haya comprendido la ironía de su comentario. Uno va a Machu Picchu a admirar la habilidad de los indios, pero ella hizo uso de la tradición cultural que nos dejó la conquista para regañar a su compañero, asimilando su comportamiento al de un indio, entendido como un ser inferior e ignorante.

A diferencia de Estados Unidos, donde los británicos y los colonos en general se dedicaron a exterminar a los indios, en América los indios no fueron exterminados. Fueron diezmados, no cabe duda, pero no exterminados. De esta manera, se formaron dos sociedades, la blanca, subyugadora, y la india, sometida y oprimida, con toda clase de combinaciones entre esos dos extremos. Para completar el horror, se trajeron negros del África que sirvieran como esclavos. En Estados Unidos, el tema de la esclavitud no se resolvió sino con una guerra civil, y aun así no fue resuelto completamente. Todavía en los años 1960, 100 años después de la guerra civil, Estados Unidos tenía un problema no resuelto de derechos civiles de los negros, y la reciente elección de Barack Obama fue toda una revolución social.

En América Latina quizás no se necesitó una guerra civil para resolver el tema de la esclavitud, pero los indios y los negros han sido víctimas de una discriminación secular, que los ha mantenido en la marginación y la pobreza. No sorprende que el indio andino, del cual todavía se ve tanto en Perú, parece callado y triste. La conquista creó una sociedad injusta, dividida sobre líneas raciales, que ha hecho avergonzar a los americanos nativos de lo que son.

La independencia de España no mejoró la situación, y no lo hizo porque la independencia no fue un movimiento de reivindicación de los indios y los negros: fue un movimiento de reivindicación del blanco americano. Total, las heridas abiertas por una conquista que tuvo lugar hace más de quinientos años siguen abiertas hoy, perfectamente visibles en sociedades como la mexicana o la peruana. Los blancos aún concentran el poder y la riqueza, y los indios y los negros se mantienen en la marginación y la pobreza.

Claro, el indio o el negro de hoy no son lo que eran hace quinientos años, y el blanco tampoco lo es. Si hay algo bello en México y Perú es que el orgullo azteca e inca siguen vivos. Ya no es posible reversar la conquista y la colonia. Pero se vuelve imperativo paliar sus consecuencias. América Latina tiene que construir una sociedad justa, no solo para los blancos, sino también para quienes tienen la piel cobriza, que, en realidad, a estas alturas de la historia, debido al mestizaje, somos todos.

Hallo en la profunda injusticia del proceso colonizador las causas del subdesarrollo latinoamericano. Hallo la discriminación básica de ese proceso, no solo en las sociedades americanas de México para abajo, sino también en las zonas de frontera de Estados Unidos con México. Uno puede ver cómo los inmigrantes latinoamericanos con cara de indios son discriminados en California, Texas o incluso la Florida. Cosa curiosa, porque esos "hispanics", cuando migran, en un acto de justicia poética, no hacen sino reclamar las tierras que eran de ellos. Y uno puede entender la ira ancestral que subyace a la organización social latinoamericana cuando, acostumbrado a la vida de blanco en América Latina, uno descubre en Estados Unidos que no es realmente blanco, sino hispánico.

No pido volver a los años 1960 o 1970, cuando era común adoptar una pose alternativa, reviviendo la música folclórica de Inti Illimani, Quilapayún, Mercedes Sosa o Atahualpa Yupanqui, o burlarse con Piero de los "americanos de mandíbulas grandes de tanto mascar chicle". Lo que pido es algo a la vez más simple y más complejo: en Estados Unidos, la lucha por los derechos civiles de los negros, a pesar de todo lo compleja que fue, tenía un punto a favor: la discriminación era abierta y palpable. En América Latina la discriminación racial es más soterrada, más subterránea, menos visible, más complicada, porque es interior, parte del individuo discriminado mismo. Es un poco como Michael Jackson queriendo negarse a sí mismo que es negro. Lo que pido es superar esa discriminación que heredamos de la conquista española, que es más insidiosa cuanto más solapada es.

América Latina, con su división entre ricos y pobres, es horrible. Tanto más cuando los pobres son indios o negros y los ricos son blancos. Una sociedad así no puede tener paz, y no se merece el progreso.

Wednesday, May 11, 2011

11-05-11: El caso AIS, una vez más

El 14 de abril publiqué una entrada en mi blog que recibió toda una oleada de comentarios. La entrada se refería a la prisión de Camila Reyes por el caso AIS. Los comentarios son de tipos opuestos: de una parte, me han dicho cosas como que no se trata de defender solo a Camila Reyes, sino a todos los técnicos del Minagricultura que hoy están en la cárcel por el caso AIS, o que es absurdo que los técnicos respondan penalmente por el diseño e implementación de una mala política. De otra parte, me han dicho que esos técnicos, al facilitar o permitir la corrupción, sí deberían estar en la cárcel.

La verdad es que ver a esos muchachos en la cárcel es desmoralizante, en especial para aquellos que tienen la ilusión de hacer como técnicos una carrera en el sector público y contribuir al desarrollo del país. Lo interesante de una sociedad libre es que cada cual escoja qué hacer con su vida. Algunos escogerán ir al sector privado y tratar de hacer dinero, y otros escogerán ir al sector público. Me parece muy importante que cada cual haga lo que quiera hacer. Quienes están en el sector público claramente hacen patria. Quienes están en el sector privado también hacen patria, porque generan riqueza, empleo y pagan impuestos.

El problema en Colombia es que los incentivos para entrar al sector público están distorsionados. Para los honestos, las pagas son malas y los riesgos jurídicos son altos. Para quienes tienen ambiciones desmedidas de poder y para los corruptos, el Estado se vuelve un botín irresistible. Así, ¿cómo hacemos para que la gente buena quiera ir al Estado? Yo mismo he pasado por ahí, y ahora, a pesar de toda la presión, encuentro muy atractiva la vida en el sector privado, aunque quienes tenemos la vocación del servicio público quizás no la perdemos nunca.

Lo que sí es triste es que jóvenes que se meten al sector público con la mejor vocación de servicio terminen perseguidos sin sentido por la justicia o los organismos de control. A la mala paga se suma el riesgo jurídico. Cualquiera con un mínimo sentido de protección de los intereses personales se ve espantado por el sector público. Por eso los técnicos del sector público se han sentido especialmente agraviados por el encarcelamiento de los técnicos del Ministerio de Agricultura. La señal que se le está dando al país es que trabajar por el bien común no paga.

Al respecto, quisiera contar lo que tal vez es una infidencia. En medio de la investigación, Camila me pidió escribirle una carta de recomendación, que hubiera podido servirle en todo el proceso jurídico, pero que nunca redacté. Lo que sí hice, gracias a los buenos oficios de mi jefa, María Mercedes Cuéllar (a quien admiro, fuera de por otras, por ese tipo de cosas: ya quisiera yo ver a otros defendiendo a su gente), fue hablar con la señora Fiscal General de la Nación.

De Vivianne Morales tengo la mejor opinión: me parece una mujer proba y juiciosa. Le dije que, para lo que pudiera valer, yo podía meter mis manos al fuego por Camila Reyes. Ella me dijo que entendía, pero que el proceso debía continuar, y que el propósito era que los investigados dieran las explicaciones del caso y se defendieran.

Y lo siguiente que me dijo fue una admisión de la tragedia: que pensaba en Camila como pensando que su propia hija podría estar en esa situación, y que ella (la Fiscal), que ha hecho toda su carrera en el sector público, les recomendaba a sus hijos que no siguieran sus pasos, porque el sector público es muy desagradecido. Si una persona como Vivianne Morales les enseña a sus hijos que ir al sector público no vale la pena, ¿qué se puede esperar? No se puede esperar nada bueno de un país que manda señales de que la gente buena no se debe interesar en el servicio público.

Un segundo tema es el balance entre técnicos y políticos en el Estado. Encontrar aquí el equilibrio es muy difícil. En una primera instancia, es claro que los técnicos no deberían responder penalmente por las políticas públicas. Si una política pública es mala, la sanción debería ser política y debería ser soportada por los políticos (otra cosa es que haya comportamientos criminales por parte de los técnicos).

Pero la pregunta es hasta qué punto los técnicos pueden o deben parar las estupideces de los políticos o las trampas de los corruptos. En la historia reciente de Colombia ha rondado por ahí la idea de que los técnicos deben ser lo suficientemente poderosos como para poder cumplir ese papel. La idea es oponer la barrera del Estado tecnocrático al poder del Estado burocrático.

Esta idea ha sido compartida en su momento tanto por presidentes intervencionistas, como Carlos Lleras, como por presidentes neoliberales, como César Gaviria. Se dice que fue Carlos Lleras quien inició la tradición de tener un fuerte componente técnico en el gobierno.

La noción de que el poder de los técnicos pueda contener las malas ideas de los políticos es una que suena bien en principio, pero que es muy difícil de implementar en la práctica. En primer lugar, una tecnocracia poderosa sin control político no es deseable, entre otras razones porque la noción de una tecnocracia desprendida de toda consideración política simplemente no existe. En segundo lugar, es el poder político el que le otorga fortaleza a la tecnocracia. En tercer lugar, si la tecnocracia no está fortalecida, es imposible que cumpla su función de contención.

Durante mucho tiempo, el Departamento Nacional de Planeación (DNP) fue un bastión técnico en el Estado, que contenía las presiones políticas que se manifestaban en los ministerios. Mientras que los ministerios algo se han fortalecido técnicamente, el DNP se ha debilitado. El caso es que el balance técnico-político no luce muy a favor de los técnicos en la Colombia actual.

Así, es muy difícil que los técnicos puedan contener a los políticos. Yo sigo creyendo que Camila Reyes fue puesta en una situación que era superior a sus fuerzas, y que eso habla mal, no de ella, sino del sistema político vigente. Sea lo que sea, dos cosas me parecen ciertas: (1) Camila Reyes no era responsable del programa AIS, y (2) Camila, con toda probabilidad, no hizo algo que fuera abiertamente ilegal o inmoral. Ahí seguramente había una línea difícil de trazar, que hoy le están pintando de modo que ella queda del lado de los inmorales.

Una nota final: escribo todo esto porque creo en la bondad fundamental de Camila Reyes, y no porque esté interesado en defender el gobierno de Uribe o el ministerio de Arias, o porque crea que el programa AIS fue un buen programa. En particular, creo que el programa AIS fue un mal programa. No me interesa que la defensa de Camila y de los otros técnicos del ministerio se vuelva un tema político. Mi punto de fondo es que, si en el programa AIS hubo algo mal, aquí estamos haciendo pagar a quien no corresponde. Y eso es una tremenda injusticia.

Sunday, May 8, 2011

11-05-08: La izquierda y la corrupción en Bogotá

Una alumna mía, Catalina Rodríguez, me pidió escribir una columna para el periódico estudiantil "Sin corbata", publicado en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes. Esto fue lo que le mandé.

En Colombia nos estamos acostumbrando a las noticias sobre un manejo menos que pulcro de los recursos públicos. En los últimos días la prensa ha estado dominada por los casos del AIS, el Ministerio de Protección y el Fosyga, y el denominado “carrusel de la contratación”, entre otros. Lo bueno es que hay la percepción de que la justicia, lenta pero segura, está operando. Lo malo es que también hay la percepción de que la corrupción nos ha invadido.

El caso del “carrusel de la contratación” ha sido particularmente lamentable. Todo aquel que circule por Bogotá entiende que algo anda muy mal con la administración de la ciudad. Es una verdadera lástima, porque la ciudad se venía acostumbrando a un proceso de transformación que hoy parece detenido. Ese proceso de transformación se personificó en las alcaldías de Jaime Castro, Antanas Mockus y Enrique Peñalosa. Luego sucedió algo vanguardista e interesante: la izquierda, en cabeza del Polo Democrático y Lucho Garzón, llegó a la alcaldía.

Las evaluaciones que se hacen de la alcaldía de Lucho Garzón están marcadas por tintes políticos: la derecha generalmente habla mal de la alcaldía de Garzón, mientras que el resto opina que los temores de un gobierno de izquierda en la ciudad no se materializaron. Sin embargo, lo que es importante es que esa fue la primera vez que la izquierda llegó por la vía electoral a un puesto político de primer nivel. Eso abrió la posibilidad de una izquierda democrática como alternativa de poder en nuestro país, lo cual, juzgo yo, es de la mayor importancia para Colombia. La mejor forma de desacreditar la izquierda armada es mostrar que la izquierda democrática es políticamente viable.

Sin embargo, la esperanza que se abrió para la izquierda con la alcaldía de Lucho Garzón no se materializó. El Polo se dividió en su elección de candidato para la presidencia. El exmagistrado Carlos Gaviria, que daba la impresión de ser un sabio hombre viejo, para ganar la nominación de su partido terminó aliándose con los sectores más representativos de la política tradicional en la izquierda, por no llamarlos los sectores más corruptos e indeseables. En el Polo, de un lado quedaron las figuras más dogmáticas y las más representativas de la política tradicional, y del otro quedaron las figuras más modernizantes. Uno a uno, terminaron saliéndose del Polo Antonio Navarro, Lucho Garzón y Gustavo Petro. A pesar de que éste fue el último candidato presidencial del Polo, el partido quedó en manos de los Moreno, uno como senador y el otro como alcalde de Bogotá. Como siempre, la izquierda terminó canibalizándose, pero esta vez no por un purismo teórico sobre la mejor forma para promover una sociedad más justa, sino para echar mano del botín político.

Como alcalde de Bogotá, Samuel Moreno ha resultado un desastre. Los avances en seguridad se han detenido, y su gestión en infraestructura ha sido patética. Esto es irónico porque Samuel ganó la alcaldía con la promesa de que iba a hacer el metro de Bogotá. No solamente no lo hizo, sino que echó para atrás en materia de infraestructura de transporte. Para añadir el insulto a la injuria, el mayor monumento de (o a) Samuel es una avenida 26 destruida, la misma que su abuelo construyó con gran visión hace un poco más de medio siglo.

Con Iván Moreno en la cárcel y con Samuel Moreno suspendido, ya sabemos por qué se obtuvieron esos resultados: porque el poder se estaba utilizando para robar, o, en el mejor de los casos, para no administrar, pues recordemos que Samuel no fue suspendido por corrupto sino por inepto. Así no se puede gobernar. Todos sabemos que en Colombia la corrupción es frecuente, pero creíamos que Bogotá estaba más allá de esas prácticas. Hoy nos preguntamos: si Bogotá está como está, ¿cómo será el resto del país?

En los últimos meses nos hemos venido enterando cómo las obras en Bogotá no avanzan porque los contratistas las dejan tiradas, y los contratistas las dejan tiradas porque sus empresas fueron utilizadas, más que para hacer obras públicas, para saquear al Estado. Hemos oído cómo los anticipos de las obras públicas se utilizaban, no para financiar el comienzo de las obras, sino para pagar las mordidas que eran necesarias para garantizar la obtención de más contratos. Para obtener la liquidez para hacer una obra, era necesario que al contratista le otorgaran otra. Este es el “carrusel de la contratación” que resultó un verdadero horror.

Frente a esta situación, es lamentable que la ciudadanía no se haya movilizado. Mejor dicho, sí se movilizó, pero no para pedirle cuentas al alcalde. Se movilizó para pedir que, dado el estado de la ciudad, no se hicieran más obras por la carrera séptima. Su solicitud fue escuchada, pero no por el alcalde, sino por el presidente de la República, que tuvo que intervenir para decirle al alcalde que no comenzara esa obra. Según cuentan los chismes, ante el requerimiento del presidente, la respuesta del alcalde fue decir que él estaba completamente de acuerdo con que las obras no comenzaran. Es como si las obras por la séptima fueran a comenzar sin que el alcalde se hubiera enterado. No era la primera vez que el alcalde nos sorprendía con esas actitudes. Antes, durante el paro de camioneros, el alcalde ni se molestó en salir a darles declaraciones a los bogotanos. Puso a una secretaria del despacho a frentear la situación, lo que nos obligó a todos a preguntarnos: ¿dónde está el alcalde?

Hoy, con la suspensión del alcalde por parte de la Procuraduría, parece que comienza a cesar la horrible noche. Pero nunca es más oscura la noche que antes del amanecer. Colombia tiene que vencer la corrupción. No puede ser que en Colombia mucha gente se vuelva rica a punta de robar al Estado. Los ojos del país se tienen que volcar sobre las transferencias, las regalías y los contratos de infraestructura. Allí donde el Estado reparte plata hay problemas, y en cifras que a uno no le caben en la cabeza. El Inco, la entidad que creó el Estado para supuestamente tecnificar la contratación de la infraestructura, terminó siendo un horror que ha tocado reformar una y otra vez, y muchos de sus anteriores directores han terminado o mal o en la cárcel. Hoy estamos a la espera de que la entidad vuelva a ser reformada una vez más. El gobierno propuso una reforma del régimen de regalías, que fue fuertemente modificada en el Congreso, y que aún no ha sido aprobada. Veremos si lo que se aprueba es suficiente para impedir la corrupción y el despilfarro. De igual manera, hay que volver a mirar las transferencias, el régimen de salud y los programas de subsidios con miras a combatir la corrupción. Esos son temas de fondo, que el país no aborda con la atención que merecen.

El problema es claramente estructural. Los incentivos que operan sobre los tomadores de decisiones son perversos. Funcionarios con sueldos de siete dígitos deciden sobre asignaciones de recursos multimillonarias. Falta de transparencia. Una prensa menos fisgona de lo que debería ser. Unos partidos políticos que no atinan a extirpar la corrupción. Desinterés y apatía de la ciudadanía. La cantidad de problemas es enorme.

Ya vendrá la izquierda a decir que la suspensión de Samuel es persecución política. No nos dejemos confundir. Ladrones hay en todas partes. No olvidemos que Germán Olano y el excontralor Moralesrussi eran liberales, no del Polo. Pero tampoco olvidemos que Samuel le ha hecho un daño horrible a Bogotá, y que le ha hecho un daño igual de grande a la izquierda y a la democracia. Samuel tiene el honor de haber acabado con Bogotá y con el Polo. Qué legado tan triste. Hoy Gustavo Petro y Carlos Vicente de Roux quedan reivindicados, pero sin proyecto político. Mis respetos a ellos. Ojalá Petro tenga éxito con sus progresistas, pero qué camino tan largo le espera a la izquierda para rehacerse. El Polo, de manera oportunista, solo hasta ahora pide la renuncia de Moreno. Lo que es increíble es que Moreno se niegue a emitirla. Ya veremos si la ciudadanía, que no se movilizó para tumbar a Moreno, ahora sí se moviliza para exigir su renuncia.

La suerte del país produce un desasosiego enorme. Veo mi formulario de pago del impuesto predial, y me pregunto con qué ganas lo pago. Me pregunto también cuál va a ser la suerte de Bogotá con un alcalde interino. Trato de convencerme de que éste no es un país de hampones, pero me cuesta lograrlo. Porque, si no es un país de hampones, sí está sitiado por los hampones. Algo está profundamente mal con esta sociedad, y debe ser corregido. Pero nunca lo será si los ciudadanos seguimos mirando con indiferencia lo que hacen quienes se hacen elegir para abusar del poder. Vergüenza sobre ustedes, Nules y Morenos. Vergüenza, vergüenza, mil veces vergüenza. Y quizás también vergüenza sobre nosotros, ciudadanos del común, que dejamos que ese tipo de personas nos meta los dedos en la boca.

Thursday, April 14, 2011

11-04-14: Reflexiones a raíz del encarcelamiento de Camila Reyes

Camila Reyes del Toro es una vieja amiga mía que hoy está en la cárcel, por el escándalo del programa Agro Ingreso Seguro (AIS). Camila fue mi alumna y luego trabajó conmigo. Después seguí su carrera profesional, que, fuera del Ministerio de Agricultura, incluyó la Federación Nacional de Cafeteros. Camila es una mujer inteligente, pila, alegre y encantadora. Simplemente no puedo creer que haya hecho algo malo a conciencia, y me parece increíble que esté ahora en la cárcel.

Soy profesor del curso de Ética, Justicia y Políticas Públicas en la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes. El de AIS y Camila se convierte en un perfecto caso de estudio para mi curso. Mis estudiantes creen muy mayoritariamente que en el caso AIS hubo algo turbio. Lo sé porque les pedí que escribieran un ensayo sobre el tema. La opinión de mis estudiantes seguramente refleja la opinión del país: no muy informada, pero condenatoria de lo que pasó con el programa. Yo también formo parte de los que piensan que en este programa hubo algo turbio. Por eso celebro que la justicia se encargue del caso, aunque me parece que el problema es más político que judicial. También me preocupa enormemente que aquí no se castigue a quienes corresponde, y como corresponde. Como alguien escribió en una red social, aquí se está sacrificando a los técnicos y no se está juzgando a los jefes responsables. Eso no puede ser.

Desde mi punto de vista, el programa AIS fue un programa mal concebido, y por lo tanto propenso a problemas de implementación. El programa fue una respuesta a la oposición interna que surgió a la negociación del tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos. El sector agropecuario se vio como uno de los principales afectados por el tratado, y logró que el gobierno diseñara el programa AIS. Para ponerlo en plata blanca, el gobierno compró al agro con el AIS, para evitar que se opusiera al TLC. La idea era que el agro tuviera su ingreso asegurado, incluso si ve veía afectado por el TLC. De ahí el nombre del programa: Agro Ingreso Seguro. Ya quisieran otros sectores de la economía tener su ingreso asegurado. El programa se concibió como unos subsidios en efectivo para el agro, que se otorgaron, oh ironía, incluso antes de que el TLC fuera aprobado, cosa que todavía seguimos esperando. Es decir, el programa dejó de ser una medida correctiva de los efectos del TLC, para convertirse en una política de subsidios directos al sector, independiente del TLC.

La política de otorgar subsidios a los sectores económicos es una política debatida. Los economistas aún no se ponen de acuerdo sobre la conveniencia de lo que ellos llaman “políticas industriales”, que son políticas de apoyo a los sectores económicos. Quizás estas políticas, bien administradas, son muy útiles para fomentar el crecimiento, pero también, mal administradas, se prestan para financiar la ineficiencia, la politiquería y la corrupción. El surgimiento del neoliberalismo tuvo mucho qué ver con la percepción de que las políticas industriales, sobre todo en países institucionalmente débiles como Colombia, se prestan más para la corrupción que para el progreso.

El agro bien puede ser un sector merecedor de subsidios especiales. En el agro colombiano se concentra la pobreza y la violencia. Además, el agro en los países ricos es ampliamente subsidiado. Sin embargo, en el caso del programa AIS, los riesgos de las políticas industriales no fueron debidamente tenidos en cuenta. Yo no creo que el programa haya servido para fomentar un ápice la competitividad en el campo. No me sorprende, además, que el programa se haya prestado para la politiquería y la corrupción. Los objetivos del programa fueron políticos desde el principio. ¿Cómo no va a oler mal un programa que se lleva a cabo incluso cuando la principal razón para ejecutarlo deja de existir? Porque la teoría era proteger al agro del TLC, pero, ¿cuál TLC?

Poner al Estado a regalar plata siempre es una proposición peligrosa. No porque no deba hacerlo: a veces debe hacerlo, especialmente cuando los recipientes son los más pobres. Pero debe hacerlo con mucho cuidado. Sin embargo, aquí no se siguieron las precauciones del caso. Aquí primaron consideraciones políticas, que se terminaron traduciendo en beneficios indebidos para unos pocos a costa del aporte de muchos.

Pero poner a Camila a pagar por un fenómeno que es más estructural y que, claramente, la excede a ella, no tiene mucho sentido. Yo no sé cuál es la situación jurídica de Camila. No sé de qué sea responsable. Pero lo que sí sé es que ella es una persona buena puesta en una situación superior a sus fuerzas. Así como Colombia se equivocó con el programa AIS, se está equivocando en la forma como lo sanciona. Da pesar que un país cometa errores tan obvios, y que los corrija con otros igual de obvios. En este caso, no me interesa que se sancione a un ministro o a un presidente, aunque son ellos, más que sus subalternos, quienes deberían estar respondiendo por la situación. En Colombia nos estamos acostumbrando a que los viceministros, y no los ministros, vayan a la cárcel. Eso no puede ser.

Pero lo que sí me interesa es que, así sea tarde, Colombia aprenda a reaccionar frente a políticas que no consultan el interés colectivo, para que no vuelvan a ocurrir en futuras ocasiones. Colombia no ha mejorado en nada por poner a Camila Reyes en el Buen Pastor.