Friday, August 8, 2008

08-08-08: Reflexión sobre la apertura de los Olímpicos en Beijing

Me acabo de “patear”, como decimos en Colombia, la apertura de los juegos olímpicos de Beijing 2008. Muy linda, debo decir. Muy impresionante. Esta apertura fue como una ventana por donde se puede mirar lo que el mundo debe esperar de China.

No hace mucho tiempo, la China era un país pobre que Estados Unidos utilizaba para hacerle contrapeso a la Unión Soviética. Recuerdo la famosa aproximación a China hecha por Estados Unidos en la época de Nixon, es decir, en plena Guerra Fría, que pretendía explotar la tradicional desconfianza chino-soviética para impedir que se conformara un bloque comunista entre las dos naciones y, por el contrario, producir más bien un acercamiento chino-americano, que para muchos hubiera parecido impensable, pues sólo un par de décadas antes Estados Unidos había interpuesto la Séptima Flota para que la China comunista no invadiera a Taiwán: se necesitaba, pues, un maestro de la realpolitik en las relaciones internacionales como Kissinger para volver a acercar a Estados Unidos a la China comunista.

Por otro lado, sin embargo, se dice que, cuando a Napoleón le preguntaron su opinión sobre ese país, él respondió: "cuando China despierte, el mundo temblará". Recuerdo que hace muchos años (en los 1970, constato) mi papá leyó un libro, escrito por Alain Peyrefitte, con ese título, que quedó grabado en mi memoria. Hoy China es una nación de unos 1.300 millones de personas (la más numerosa del planeta) que, bajo Deng Xiao Ping, introdujo más libertad a su ambiente económico para poder crecer, pero sin introducir más libertad a su ambiente político. En consecuencia, durante décadas su economía no ha tenido problemas en crecer al 10 por ciento anual. Gracias a ese crecimiento, China, más que ningún otro país en la tierra, contribuye a la reducción de la pobreza mundial, al sacar de ella cada año a millones de personas. Algunos cálculos ya colocan a la China como la segunda nación más rica de la tierra, y algunos vaticinan que será la primera, superando a Estados Unidos, antes de que acabe la primera mitad del siglo XXI. Ya no hay colonias europeas en territorio chino, como lo fueron Macao o Hong Kong, que han sido devueltas a China, aunque ésta, sabiamente, ha sabido mantenerles un estatus especial. La humillación que sufrió China en el siglo XX al ser invadida por Japón, tan bellamente retratada por Bertolucci en su película El último emperador, hoy sería impensable. China, la nación más populosa de la tierra, y con una de las culturas más distintivas y más ricas, está empezando a ocupar el lugar que le corresponde entre las naciones del planeta. China ya está despertando…

… Y el mundo está empezando a temblar. China es hoy una potencia económica, militar, nuclear y espacial. Su presencia en la economía mundial está poniendo de cabeza los tradicionales equilibrios económicos internacionales, con la manifestación más obvia de disparar los precios de los bienes básicos, incluido el petróleo, y deprimir los precios de los bienes manufacturados: ya hoy nadie puede competir con los bajos costos de producción en China. Las empresas chinas se empiezan a colocar, sin ningún problema, entre las más grandes del mundo, o empiezan a comprarlas. La IBM, por ejemplo, vendió su división de computadores personales a Lenovo, una empresa china. Las grandes discusiones en la OMC son entre Estados Unidos y China. Y son discusiones entre gigantes, disputándose el liderazgo mundial. Y ya sabemos quién ganará. A diferencia de los Olímpicos que hoy comienzan, que Estados Unidos bien puede todavía ganar, hoy empezamos a ver un nuevo líder mundial. Y no porque Estados Unidos esté en declive y próximo a caer, sino porque el auge chino parece imparable, a pesar de que todavía tiene enormes dificultades por superar. La gran mayoría de ellas son políticas. China todavía tiene que dejar a Mao definitivamente en el pasado, hacer la transición a la democracia, mejorar su registro de violaciones a los derechos humanos, resolver la cuestión tibetana, reunirse con Taiwán y garantizar que los beneficios del crecimiento no se concentren sólo en las grandes ciudades del oriente del país. No son temas menores. Pero lo que ha logrado la China en las últimas décadas da muestras de la capacidad de hacer transformaciones prodigiosas. Por eso, no es descabellado pensar que, si con el fin de la Primera Guerra Mundial comenzó el imperio indisputado de Estados Unidos en la arena mundial, para el centenario del Tratado de Versalles quizás ya sea China la que ocupe ese lugar.

Yo tengo en la cabeza una idea estúpida, que me hace creer que a los chinos hay que prestarles mucha atención. Yo creo que los primeros pobladores de América fueron en realidad chinos que atravesaron el estrecho de Bering cuando estaba cubierto de hielo. La evidencia circunstancial que tengo es que un campesino boyacense es igualito a un chino, con los mismos rasgos mongoloides que hoy todavía se perciben en nuestras razas nativas (es decir, prehispánicas y precolombinas). Hasta algo tan colombiano como Alejandra Ríos tiene unos ojos rasgados que no se ven del todo fuera de lugar en China. Creo, pues, que el pueblo más alejado de la tierra, el que utilizamos para denotar la mayor distancia, pues no hay mayor distancia que la que hay “de aquí a la Conchinchina”, es en realidad el pueblo de nuestros abuelos, es decir, es nosotros mismos. Por lo tanto, hallo legítimo mirar a la China como un pueblo de donde venimos, y como un ejemplo de lo que podemos llegar a ser.

Los juegos olímpicos que hoy comienzan, en una fecha auspiciosa, 08-08-08, son una señal de que debemos empezar a ver a China con ojos distintos (rasgados, quizás). China escogió para dirigir su acto inaugural de los Olímpicos a Zhang Yimou, un director de cine que ha producido varias bellas películas y que no ha dejado de tener sus problemas con las autoridades chinas (el director escogido inicialmente era Steven Spielberg, pero éste también resultó ser crítico, de modo que, al parecer, las autoridades chinas decidieron que, si el director iba a ser crítico de las medidas oficiales, que por lo menos fuera un crítico local). Yimou trató el estadio del “nido de los pájaros” de Beijing como una hermosa pincelada cinematográfica, y produjo una belleza discreta que nos mostró lo que China ha representado para la humanidad: nos mostró a Confucio, nos mostró el papel y la escritura (con tinta china, por supuesto), nos mostró la brújula y al desconocido descubridor chino de América, nos mostró la ruta de la seda y por qué las historias de Marco Polo podían ser éxitos de ventas en la Europa medieval, nos mostró la cometa y el uso de la pólvora en tiempos de paz. En suma, vimos a la China tradicional y a la moderna, a una China que cada vez menos podremos evitar. Hace treinta años, era normal para mí aprender filosofía en un texto de Bertrand Russell titulado La sabiduría de occidente. Hoy, semejante desprecio por lo oriental empieza a parecer impensable. Y quizás en una generación el mandarín sea como es el inglés hoy: una lengua que tenemos que aprender. Yo quizás ya esté demasiado viejo para ese nuevo mundo, pero he hecho mis provisiones: ya compré un curso de chino por computador que tengo que empezar a hacer.

Hoy los juegos olímpicos hacen lo que nadie más puede hacer: reunir a todas las naciones del planeta bajo una bandera de fraternidad y convivencia. Hoy Colombia lució bella, con su discreto uniforme blanco, con sombrero “vueltiao” y mochila, ocupando su puesto en el concierto de las naciones. Qué suerte que esta vez no hubo el patán que nos mandara a desfilar en sudadera. Quizás ganemos una medalla. Pero hoy toda la fiesta se agota en dos palabras: China y deporte. El nuevo poder y el espacio de la convivencia y de la paz. A los occidentales nos queda el consuelo de que los olímpicos son un aporte occidental, de los antiguos griegos y del barón de Coubertain. Y, a los colombianos, el sueño de lo que podemos llegar a ser.

Tuesday, July 15, 2008

08-07-15: Sobre la reforma política

Este es uno de esos textos que nunca terminé, y que hoy cuelgo de esa manera.

En días pasados se volvió a discutir en el Congreso de Colombia, sin buen éxito, el tema de la reforma política. Este tema volvió a surgir por dos razones: (1) la participación de fuerzas ilegales en la política colombiana, y (2) la necesidad de afinar las reformas políticas de 1991 y 2003.

Con respecto al primer tema, la participación de fuerzas ilegales en la política, la crisis de la denominada parapolítica hizo que muchos plantearan la necesidad de una reforma política, con al menos dos objetivos: (1) hacer más difícil la participación de los paramilitares, y en general de todo grupo ilegal, en la política, y (2) tener instrumentos de castigo más eficientes para aquellos políticos en ejercicio vinculados con grupos ilegales. Esto se tradujo en dos tipos de preguntas: (1) ¿cómo sanear la financiación de las campañas políticas? y (2) ¿qué tipo de castigo dar a los políticos vinculados con grupos ilegales?

En el tema de la financiación, en parte debido a lo costosas que se han vuelto recientemente las campañas políticas, volvió a surgir la idea de la financiación 100 por ciento estatal de las campañas políticas.

La financiación privada de la política tiene luces y sombras. En materia de luces, se dice que el aporte financiero privado a las campañas es una forma de participación política, tan válida o legítima como votar o formar parte de un partido político. En materia de sombras, se dice que es una forma de sobrerrepresentar los intereses de aquellos que tienen más recursos económicos, lo cual, en efecto, convierte a la democracia en una plutocracia.

En Colombia ha sido tradicional que la financiación privada de las campañas provenga de pocas fuentes, que usualmente no distinguen entre candidatos. Así, pocos ponen mucha plata, con lo cual es inevitable para los candidatos no tener en cuenta los intereses de sus financiadores, que en el mejor de los casos son grandes empresas, y en el peor son paramilitares, guerrilla o narcotraficantes. Lo deseable sería lo contrario: tener muchos financiadores que pongan, cada uno, poca plata.

Mi opinión es que la financiación privada de las campañas no puede ser abolida, entre otras razones porque en Colombia la participación de grupos políticos nuevos y renovadores ha dependido de la posibilidad de conseguir recursos privados de financiación. La financiación pública de la actividad política premia al statu quo y no a la renovación. Adicionalmente, con un Estado y unos partidos políticos débiles como en Colombia, quién sabe qué tipo de corrupción y otras aberraciones pueda traer la financiación enteramente pública de las campañas.

Me parece sensato permitir una financiación mixta de las campañas, con restricciones a la financiación privada. Por ejemplo, no me molestaría que las campañas sólo pudieran ser financiadas por personas naturales, y no jurídicas, y sólo hasta un tope preacordado.

También me parece muy importante revisar qué ha producido la inflación de costos reciente en las campañas políticas. La pauta en televisión parece ser una fuente de problemas. Quizás valga la pena pensar más activamente en temas de regulación de la propaganda política en los medios de comunicación. Esto quizás no les guste a los medios, ya que de ahí deben sacar unos ingresos jugosos, pero lo cierto es que, cuando una campaña política al Congreso vale 10.000 millones de pesos, prácticamente nadie en la legalidad puede pagarla.

Con respecto al castigo a los políticos asociados con grupos ilegales, me parece que la justicia debe investigar y condenar a los culpables. Esto quiere decir que llamados a cerrar el Congreso o convocar Asambleas Constituyentes me parece un error. No toda nuestra democracia es ilegítima porque haya un número, así sea alarmante, de congresistas investigados y condenados por vínculos con los paramilitares.

Sin embargo, sí creo que la responsabilidad no sólo es personal, sino también política. Esto quiere decir que no sólo se debe condenar al congresista parapolítico, sino también castigar al partido que lo patrocinó. Me parece claro que el partido también debe perder algo cuando se sanciona a un congresista. Si, por decir algo, un partido avala a un político vinculado con los paramilitares, me parece inaudito que la responsabilidad sólo sea del político. Tiene que haber una responsabilidad del partido también. En ese sentido, yo comparto la noción general de la silla vacía, que algunos han atacado porque puede afectar la representación regional. Frente a este tipo de críticas, creo que, en el peor de los casos, la vacante dejada por un congresista sancionado no puede ser llenada por otro miembro de su misma lista y partido.

Friday, July 4, 2008

08-07-04: El regreso de la macroeconomía

Cuando yo era joven, ser economista en Colombia significaba ser macroeconomista. La discusión microeconómica prácticamente no existía, y el debate macroeconómico era intenso. Quizás debido a eso, Colombia se preciaba de tener una política macroeconómica “sana”. Esto rindió frutos especialmente en los años 80, cuando toda América Latina tuvo un muy mal desempeño económico, y Colombia lo tuvo menos malo.

En los últimos años el debate macroeconómico en Colombia ha pasado a un segundo plano. Esto se debe quizás a que, entre 2002 y 2007, el dilema macroeconómico básico se relajó: en ese período, Colombia logró tener tasas de crecimiento al alza, junto con una tasa de inflación a la baja. De esta manera, pensar en temas macro ya no parecía tan importante.

Las últimas cifras sugieren, sin embargo, que Colombia tendrá que retomar su tradición de intensa discusión macroeconómica: la economía se está desacelerando (después de crecer 7.5% en 2007 la tasa de crecimiento en el primer trimestre de 2008 apenas fue de 4.1%) y la inflación va en aumento (el último dato puso la inflación en 7.2%, muy por encima de la inflación de largo plazo a la que aspira el Banco de la República, que está entre 3 y 3.5%), todo esto en un contexto de fuerte apreciación de la tasa de cambio.

La principal dificultad radica en que las recetas tradicionales aplican a situaciones en las cuales el crecimiento y la inflación van de la mano: mucho crecimiento con mucha inflación, o poco crecimiento con poca inflación. En el primer caso, uno debe subir las tasas de interés, y, en el segundo, uno debe bajarlas.

Pero lo que tenemos ahora es un crecimiento a la baja con una inflación al alza. Por lo tanto, no es claro qué hacer con las tasas de interés. La desaceleración del crecimiento sugiere que las tasas de interés no deben subir mucho; la aceleración de la inflación sugiere que las tasas de interés sí deben subir. Por lo tanto es bueno discutir las razones que hay para subir o para bajar las tasas de interés.

Las tasas deberían subir porque existen dudas sobre la sostenibilidad de un crecimiento por encima del 7%. Mientras que otros países han demostrado su capacidad de crecer de manera sostenida a tasas cercanas al 8%, en Colombia no es claro que un crecimiento del 7.5% sea el resultado de un cambio estructural favorable, o más bien de un recalentamiento de la economía, es decir, de un exceso de demanda que es inflacionario e insostenible en el largo plazo. Si el crecimiento del 7.5% es un síntoma de recalentamiento, entonces las tasas de interés deben subir.

Las tasas de interés también deberían subir porque la inflación va al alza.

Ahora, las tasas de interés deberían bajar porque la economía se está desacelerando; porque hay que reducir el diferencial entre tasas de interés domésticas y externas para reducir las presiones a la apreciación de la tasa de cambio; y porque hay evidencias de que los problemas inflacionarios no están causados por problemas de demanda, sino por problemas con los precios de los alimentos y de los combustibles.

Que la inflación haya llegado al 7.2% es muy grave. El Banco de la República tiene la obligación de actuar al respecto. Sin embargo, no tiene muchos instrumentos para actuar. El obvio, las tasas de interés, puede ser muy costoso y muy poco efectivo. Hay que pensar, por tanto, en instrumentos alternativos. Una inflación de alimentos puede ser combatida importando más alimentos. Un ajuste fiscal drástico puede ayudar a aliviar la presión sobre las tasas de interés, y a reducir las presiones a la apreciación de la tasa de cambio (si es cierto que el exceso de gasto público está presionando los precios de los bienes no transables).

Que el crecimiento también se esté reduciendo es igualmente grave. Pero también hay que recordar que la mejor forma de promover el crecimiento es con medidas de largo plazo, no con la política macroeconómica. Colombia debe dejar de creer que uno debe manipular las condiciones macroeconómicas para promover el crecimiento. Algunos creen que la clave del crecimiento es tener tasas de interés bajas, así eso produzca inflación, y tener una tasa de cambio devaluada, para promover las exportaciones, así eso también atice la inflación. No. Los problemas de crecimiento se deben resolver con medidas de carácter estructural, y la macroeconomía se debe dejar para resolver problemas de carácter cíclico.

Thursday, January 10, 2008

08-01-10: Diatriba contra la superación personal

Odio los libros de superación personal y de autoayuda, las iglesias de garaje y los sistemas de ventas multinivel que parecen una secta religiosa. Odio todas esas cosas. Odio los pastores evangélicos que llenan coliseos deportivos, predican por televisión y andan en Mercedes Benz. ¿Qué le vamos a hacer?

Entiendo que los seres humanos andamos en una búsqueda de propósito. Eso lo entiendo muy bien, y lo respeto. Lo que no entiendo muy bien es por qué eso tiene que caer en unos ejercicios de “espiritualidad” de la mayor ramplonería. Odio el camino fácil a una vida con sentido.

Ese camino fácil, hay que decirlo, es frecuentemente la salida de los fracasados. Qué horrible es esta frase, pero hay que decirla. “Pare de sufrir”, dice una iglesia de garaje. “Haga amigos”, dice un libro de superación personal. “Cuide lo más importante: su salud”, dice un sistema de ventas multinivel. En síntesis, “haz mucho dinero”, “mejora tus relaciones”, “tú puedes hacerlo”, “el cielo es la meta”, “ten éxito”, y la gente corre a oír semejante ramplonería.

No que yo tenga resueltos esos problemas. No gano mucho dinero, no me sobrarían más amigos, podría ser más feliz. Quizás yo mismo, para ganarme la vida, termine vendiendo productos de un sistema de ventas multinivel. En síntesis, siento que me hace falta mucho en materia de “superación personal”. Pero la pregunta es: ¿cómo voy a lograrlo? La lógica es la siguiente: como la vida es difícil, y uno no obtiene esas cosas con sólo pedirlas, entonces voy a irme por el camino fácil.

Esa lógica me enfurece. Y lo que más me ofende es que sus promotores se vuelven ricos con eso. La propaganda es tan insidiosa que uno no es nadie si no ha comprado el último libro, asistido a la última conferencia, comprado el último producto. La gente paga por esas cosas. La gente da el 10 por ciento de sus ingresos al pastor enriquecido, o paga 100.000 pesos por oír la charla del autor “transformacional” de moda, o realmente espera salir de pobre si logra poner debajo suyo uno y otro y otro nivel de ventas adicional. ¡Pobres seres humanos! ¿Nadie les explicó las leyes del crecimiento exponencial? ¿No han oído hablar de Charles Ponzi? ¿Nadie les contó la historia del inventor del ajedrez, que “cobró” su invento pidiéndole al rey un grano de cereal por el primer cuadro del tablero del juego, dos por el segundo, cuatro por el tercero y así sucesivamente, hasta ocupar los 64 cuadros del tablero? ¡Qué sorpresa la del rey cuando sus oficiales le informaron que el grano de todos sus graneros no es suficiente para pagar la “modesta” solicitud del astuto inventor! Pero todo está bien, con tal de que uno no sea el último de la cadena. Los promotores de la cadena tienen eso clarísimo…

Tengo una amiga que es tan mala, tan mala (bueno, en realidad no es tan mala), que me dejó comprar el libro El secreto sin advertirme, sin atreverse a darme su opinión personal. “Si quieres juzgarlo tienes que leerlo, ¿no?”, me dijo. Ante tan contundente argumento, lo compré, pirateado. Primero que todo, notemos qué libros se piratean en Colombia. Son los grandes éxitos editoriales: Las prepago, La confesión de Carlos Castaño, El secreto. ¡Qué excelsa compañía! Eso ya me debió haber advertido. Pero yo estaba dispuesto a seguir adelante con mi ejercicio de honestidad intelectual: “si quieres juzgarlo tienes que leerlo, ¿no?”. Afortunadamente lo compré pirateado: así no contribuyo a enriquecer a su autora. Además, semejante título en edición barata jamás adornará mi biblioteca.

¿Cuál es El secreto? El secreto es la “ley de la atracción”: lo semejante atrae a lo semejante. Tus pensamientos negativos atraen el mundo negativo en el que vives. Si piensas en positivo, tu mundo será positivo. Si quieres plata, piensa en plata. Vives en la pobreza porque sólo te quejas de que no tienes, pero nunca piensas en tener. ¿Cuál es la fórmula? Ojo que la fórmula la supieron Leonardo da Vinci, Newton, Einstein. Es una fórmula genial. Es en tres pasos, ten mucho cuidado. Es difícil entenderlos. Concéntrate. Aquí van. Paso 1: pide. Paso 2: ten fe. Paso 3: recibe. No te preocupes. La fórmula funciona para todo: hasta para perder peso.

Me repito los tres pasos, no se me vayan a olvidar: pide, ten fe, recibe. Bien, bien, bien. Si no recibes es que no pediste bien (“no sabes qué es lo que quieres”), o no tienes la suficiente fe (“no hay nada imposible para la fe verdadera”).

Si esto no es un consejo para débiles mentales, entonces no sé qué pueda serlo. Es un insulto a la inteligencia. Odio a mi amiga (bueno, en realidad no la odio) por haberme dejado botar 22.000 pesos (¿¡22.000 pesos!?: si seré imbécil) en semejante “chanda”, como dicen las nuevas generaciones. Le voy a cobrar esa plata, aunque aún no sé cómo. Ya veré. “Quiero mi dinero de vuelta”. “Voy a tener fe”. “Recibiré”.

Lo más terrible de todas estas cosas es que avanzan y me rodean como si fueran una plaga inevitable. Me rodean en mi entorno más cercano. Sé que la gente que cae en esas cosas merece respeto, que está buscando una salida, que incluso puede encontrar un consuelo genuino, pero… ¿así cómo hacemos?

¿En esto terminó Occidente? ¿Es este el progreso humano? ¿Cómo puede avanzar una sociedad si deja a sus grandes masas aferradas a la superstición, a la incultura, a la búsqueda fácil de sentido, a una fe ramplona y sin elaboración? ¿Es que se ha detenido el avance de la razón? El avance de la razón… Grave materia, que quizás merece otra entrada…

Thursday, December 27, 2007

07-12-27: Mi divisa

Se cuenta que en tiempos medievales los caballeros ponían en su blasón una divisa, que, según el Diccionario de la lengua española, es "una expresión que formula un pensamiento, un ideal, una forma de conducta, que una persona o un grupo de personas asumen como norma". Hace muchos años decidí que, si yo fuese a tener una divisa en mi blasón, ella sería la siguiente frase: homo sum: humani nihil a me alienum puto (“hombre soy: nada de lo humano me es ajeno”).

Esta frase latina, original del romano Terencio (cerca de 1 AC), describe el compromiso del hombre con el hombre. Es el compromiso que yo quisiera tener.

Los entendidos notarán que el latinajo era el lema favorito de Marx. En los tiempos actuales no está de moda ser marxista, y yo mismo no lo soy, pero el compromiso de Marx con el mejoramiento de la humanidad es indudable.

Aún más, en estos tiempos en los que toda noción de izquierda está desprestigiada, y todavía más dentro de la ciencia en la que he escogido formarme, la economía, me parece necesario volver a un sano humanismo. La economía actual supone que toda decisión humana se puede reducir a un cálculo racional y egoísta de maximización de la utilidad individual. Cada vez siento más que ese es sólo un supuesto, un punto de partida, y no una conclusión, un punto de llegada. No me hago ilusiones sobre la naturaleza humana. La Biblia nos recuerda que somos sólo polvo, y que en polvo nos convertiremos. Pero también creo que las cosas hermosas, por lo general, tienen orígenes humildes. No es lo que soy, sino lo que hago con mi vida, lo que es importante.

Por eso les temo a ciertas conclusiones de los actuales científicos sociales. Una de ellas es que debemos concentrarnos en pensar medidas para promover la eficiencia social, ya que la noción de justicia social estaría más allá de cualquier análisis científico. Otra es que la economía se puede entender, en efecto, como una ciencia “lúgubre”. Esto nos ha llevado a construir una sociedad donde nada de lo humano nos importa.

Por el contrario, me parece a mí que el hombre es más emocional que racional, y que en el fondo del corazón de cualquier hombre hay una aspiración innata de justicia: es necesario construir sociedades donde nada de lo humano nos sea ajeno.

En un libro de Víctor-José Herrero Llorente, veo que Gerardo Diego glosó a Terencio de la siguiente manera:

Versos humanos, ¿por qué no? Soy hombre y nada humano debe serme ajeno.

Pena, amor, amistad. Si hay quien se asombre, si hay quien se escandalice, es que no es hombre.

07-12-27: El nombre de mi finca

Hace algún tiempo, me compré una casa de campo muy bonita, cerca a Sesquilé, entre el embalse de Tominé y la laguna de Guatavita. La rebauticé "Cusmuy Cova da Iría". Mucha gente me pregunta qué quiere decir el nombre. Hace algún tiempo escribí esto para dar una explicación.

El nombre de la finca es “Cusmuy Cova da Iría”. Este nombre es una mezcla de dos elementos. Por una parte, “cusmuy” es una palabra de origen chibcha que, palabras más palabras menos, quiere decir “casa ceremonial”. El cusmuy, para los chibchas, es como la maloca para los indígenas amazónicos: es una casa de reunión. Por otra parte, Cova da Iría hace alusión al lugar exacto donde, en seis ocasiones, la primera de ellas el 13 de mayo de 1917, la Virgen María se apareció a tres niños pastores, Lucía, Jacinta y Francisco. Tal vez usted alguna vez haya cantado: “el 13 de mayo la Virgen María bajó de los cielos a Cova da Iría”. Cova da Iría queda muy cerca del pueblo de Fátima, en Portugal. Por eso, en el santoral católico, el 13 de mayo es el día de Nuestra Señora de Fátima. Durante su visita a Fátima, la Virgen les reveló a los pastorcitos tres secretos, que ya han sido divulgados públicamente. El primero decía que los pastorcitos ya habían visto el infierno, en alusión, seguramente, a la Primera Guerra Mundial que estaba en curso cuando las apariciones de la Virgen. El segundo, en síntesis, predecía la Segunda Guerra Mundial. El tercero, y más críptico de todos, fue recientemente divulgado, con una interpretación del entonces cardenal Joseph Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI. En su parte crucial, el secreto dice: “¡penitencia, penitencia, penitencia!”. Yo, a pesar de los esfuerzos del hoy papa, sigo sin entender muy bien qué quiere decir el tercer secreto de Fátima. La Virgen también predijo que Jacinta y Francisco morirían siendo niños, pero que Lucía tendría larga vida. De hecho, Jacinta y Francisco murieron de neumonía antes de convertirse en adolescentes, pero Lucía vivió para tomar los hábitos y tener muchos años: murió muy recientemente, en 2005. Se dice que unas 70 mil personas fueron testigos de la última aparición de la Virgen en Fátima, y desde entonces el lugar se ha vuelto un lugar de peregrinación.

La finca se llama “cusmuy Cova da Iría” por tres razones: la primera es que el nombre es una combinación de elementos indígenas y españoles, combinación que aún hoy es muy fuerte en la región. Los españoles llegaron a la región buscando oro y sal, y de ese encuentro de dos mundos terminó formándose el carácter nacional de Colombia. Es apropiado que el nombre de la casa recuerde el doble origen de nuestro carácter.

Es importante resaltar que el “cusmuy Cova da Iría” queda en la ruta hacia la laguna de Guatavita, laguna que ayudó a inspirar la leyenda de El Dorado, una de las dos principales leyendas indígenas que han llegado a nosotros sobre la laguna. Antes de recordar la leyenda de El Dorado, permítanme recordar brevemente la otra leyenda, que es una historia de infidelidad indígena: la leyenda cuenta que la infiel fue una india ---en algunas versiones conocida como Mengala; en otras, con otros nombres--- que era la mujer del cacique de los Guatavitas, por eso llamado el cacique Guatavita. Cuando el cacique se enteró de la infidelidad de su mujer, mandó castrar y matar al amante, llamado Tominé, y mandó preparar una sopa con sus partes nobles, que dio de beber a Mengala, sin que ella supiera la real naturaleza de lo que estaba bebiendo. Al enterarse ella de la muerte brutal de su amante y de la receta del brebaje que había bebido, decidió huir de Guatavita y buscar refugio, junto con su hija, en las aguas de la laguna, en las cuales vive desde entonces. En ese momento Guatavita entendió que su ataque de celos y venganza le había permitido deshacerse de Tominé, pero también había significado perder a Mengala y a su hija. Por tanto, decidió sacralizar las aguas de la laguna donde se había refugiado su mujer, e inició la costumbre de pagarle tributo en forma de pagamentos a la que, a pesar de su pecado, todavía amaba. Se cuenta que la india infiel, en las noches de luna menguante, sale de la laguna, y que se le puede ver errando por los alrededores, gimiendo y llorando por sus penas de amor, pero también tratando siempre de ayudar y proteger al pueblo al que se vio obligada a abandonar. El pueblo de Sesquilé todavía recuerda esta leyenda con sus “fiestas de la india infiel”.

Por su parte, la leyenda de El Dorado dice que los caciques indígenas, completamente cubiertos de miel, a la cual se adhería oro en polvo, se bañaban así en la laguna de Guatavita, como forma de hacerles riquísimas ofrendas a los dioses, en una continuación de los pagamentos que inició el cacique Guatavita a la princesa Mengala. Los conquistadores españoles supusieron que la laguna debía estar repleta de riquezas, y las buscaron afanosamente. La montaña circundante muestra hoy el tajo que algunos cazadores de fortunas le hicieron, con el fin de poder secarla y extraerle sus tesoros. Igual sucedió con otras lagunas de la región. La de Siecha, por ejemplo, que queda arriba de Guasca, no sólo tiene el tajo, sino la placa recordatoria de la guaquería que dejaron unos cazafortunas británicos. Sin embargo, por fortuna, no pudieron desecar ni la una ni la otra, y sus riquezas, si existen, probablemente no han sido extraídas del todo. Sin embargo, no hay por qué dudar de la leyenda de El Dorado. Una célebre pieza de orfebrería precolombina, la “balsa muisca”, hallada en Pasca, Cundinamarca, y hoy exhibida en el Museo del Oro de Bogotá, sugiere que sí hubo un ritual en el cual un jefe indígena, completamente vestido de oro, abordaba una balsa, y quizás viajaba en ella hacia el centro de alguna laguna sagrada, para hacer ricas ofrendas a los dioses...

La segunda razón de por qué la finca se llama “cusmuy Cova da Iría” es que yo me hice a su propiedad un 13 de mayo. Los conquistadores españoles tenían la costumbre de poner a las tierras recién descubiertas nombres relacionados con el santo del día del descubrimiento, y yo, como buen conquistador español (según un estudio hecho por el Genographic Project de la National Geographic, mis genes paternos provienen, como los de todos los seres humanos, de África, pero en mi caso por vía de España ---lo cual, ciertamente, no era muy difícil de adivinar---), he decidido mantener la costumbre. “Cova da Iría” hace alusión directa a Nuestra Señora de Fátima, cuyo día se celebra el 13 de mayo.

La tercera razón es que yo quiero que ir al cusmuy Cova da Iría, la finca, sea como ir a Cova da Iría, el lugar en Portugal. Es decir, quiero que sea como una peregrinación. El tema de las peregrinaciones es muy importante para las religiones monoteístas. Uno puede entender el judaísmo como una larga peregrinación hacia la Tierra Prometida. De otra parte, el Islam impone a sus creyentes que, por muy pobres que sean, vayan en peregrinación por lo menos una vez en su vida a La Meca. Los musulmanes que han hecho la peregrinación usualmente lo resaltan pintando los santos lugares en el frente de sus casas.

Las peregrinaciones también han sido muy importantes para el cristianismo. Se recuerda al autor medieval Geoffrey Chaucer, quien escribió “Los cuentos de Canterbury”, una colección de historias que supuestamente contaba un conjunto de viajeros en su peregrinación desde Londres hasta la tumba de Thomas Beckett, en Canterbury. Se recuerdan, además, las cruzadas, que fueron una forma de peregrinación militar para reconquistar, de manos de los musulmanes, los Santos Lugares donde vivió y murió Cristo. Sin embargo, quizás la ruta de peregrinación más famosa del cristianismo medieval es la que se siguió, desde diversos lugares de Europa, para llegar a Santiago de Compostela, en Galicia, España. Es tan mágica Santiago que el nombre del patio central del cusmuy Cova da Iría le rinde homenaje: al patio yo lo llamo el “claustro de Compostela”. La palabra “Compostela” proviene del latín campus stellae: el campo de las estrellas: un nombre muy adecuado para el patio central de mi casa. Aún hoy es popular ir en peregrinación, a pie o en bicicleta, hasta Santiago la de España, en una travesía que es también un viaje de búsqueda personal. Así, los tres lugares de peregrinación más importantes del cristianismo sean quizás Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela, aunque Jesús mismo nunca estuvo ni en Roma ni en Santiago.

He tenido la fortuna de poder visitar esos tres lugares, y de recorrer algunos trechos de los trayectos de peregrinación hacia ellos. Sin embargo, nunca he estado en Fátima. Eso me parece apropiado: uno nunca termina de peregrinar; uno nunca llega, de verdad, al sitio de peregrinación. Por lo tanto, está bien que mi finca se llame “cusmuy Cova da Iría”: es el lugar de peregrinación, de búsqueda personal, al que todavía no he llegado.

Yo estoy persuadido de que, a todo aquel que haga la peregrinación de manera adecuada al cusmuy Cova da Iría, la laguna de Guatavita le tiene reservado un gran tesoro, aunque no necesariamente sea de oro.

07-12-27: ¿Por qué soy hincha del Nacional?

Encontrarse con gente joven tiene sus ventajas. Los jóvenes son inquietos e irreverentes. Todo lo cuestionan, todo lo prueban, todo lo discuten. Cuando uno envejece, pierde esas características. Como dicen por ahí, a uno la experiencia le llega cuando ya no la necesita. Al respecto recuerdo una frase memorable de este año que termina, que oí en un foro al que asistí: "el buen juicio sólo proviene de la experiencia, y la experiencia sólo proviene del mal juicio".

El caso es que, en vísperas de la final del campeonato colombiano de fútbol del segundo semestre de 2007, entre La Equidad, un equipo chico, y el Atlético Nacional, el glorioso Nacional, me encontré una culicagada, de 20 años, para más señas, que desafió mi afiliación al Nacional de la siguiente manera:

"Estoy que me compro la camiseta de La Equidad, sólo por convicción. Sólo porque pienso que el fútbol es un reflejo del partido de la vida y no puede ser justo ver en la gloria a quienes no han trabajado justamente para ello. A quienes no han sido honestos y han dejado que su ambición valga más que el juego mismo.

"Ganarán, según los pronósticos, los partidos comprados, los árbitros que no actuan justamente y la gente que es capaz de permitir que eso suceda. Aún peor, ganarán el campeonato quienes provocan (impunemente) que el fútbol ya no sea simplemente el fútbol y se convierta una lucha a toda costa por una estrella. No soy hincha de Nacional, no creo que sea necesario repetirlo. Pero odiaría ver a un equipo como ese coronarse campeón, ante los ojos de otro que con mucho esfuerzo y nada más que pasión, ha llegado hasta ahí".


Esto, con un par de cambios menores, fue lo que le respondí:

La casa que era de mi abuelo, en Medellín, era una casa grande, con piscina, y con un edificio al lado que era parte de la casa, para que toda la familia pudiera llegar ahí. Uno se movía de la casa al edificio y del edificio a la casa sin problemas. Los primos grandes aprovechaban una terraza del edificio para tirarse a la piscina, en una prueba que separaba a los niños de los hombres: recuerdo a algún descalabrado por esa prueba, que yo nunca fui capaz de intentar. Recuerdo también cómo una jaula de pájaros que mi abuelo adoraba cayó en la piscina por culpa de nuestros juegos, matando a los pajaritos. Mi abuelo casi nos mata. Pero desvarío. En el edificio, en el que aún viven dos viudas de mis tíos, siempre había apartamentos vacíos, porque no toda la familia llegaba al tiempo. Entonces mi abuelo empezó a arrendarlos a jugadores de fútbol del Medellín, pero sobre todo del Nacional: esa era la ventaja de tener una casa tan cerca del estadio. Yo veía a los jugadores de Nacional llegar a MI casa. Además, mi tío, el que aún vive, era periodista deportivo y locutor del estadio. Él anunciaba que un equipo iba a hacer un cambio, él nos metía a los camerinos para poder darles la mano a los jugadores, él hacía que nosotros viéramos los partidos desde la grama misma de la cancha. Eran otros tiempos. Eran los tiempo del portero argentino Navarro, el papá del portero Navarro Montoya, aquél que se inmortalizó cuando le preguntaron en Argentina: "¿y vos sos argentino?". Y él respondió, con total acento argentino, "no, 'llo' soy colombiano". Le sirvió, porque fue arquero de la selección Colombia como por dos fechas, y nunca pudo tapar en la selección argentina. Eran los tiempos de Zubeldía. Eran los años 70. Eran, en suma, otros tiempos. De Nacional me gustaba el nombre, Nacional, y los colores, verde y blanco, esperanza y paz, los colores de Antioquia, mi tierra. "Oh libertad que perfumas las montañas de mi tierra, deja que aspiren mis hijos tus olorosas esencias". Con cuánta emoción cantaba yo ese himno.

Después mi abuelo murió, y la familia arrendó la casa. ¿A quién? Al Atlético Nacional. MI casa era la SEDE del Atlético Nacional. Un tío mío construyó un edificio cercano, el primero que tuvo en Medellín pent house, pista de hielo, pizzería y discoteca, todo en uno. Cuando pude alojar en ese edificio a TODO mi curso, después de haber hecho una excursión por las selvas del Chocó, yo era el más verraco de todos. No te imaginas lo que era llegar a ese sitio después de haber caminado qué sé yo, dos semanas, por las selvas del Chocó. Había gente que no se podía poner una camisa de lo insolada que estaba. Yo mismo no podía ponerme el zapato del pie derecho, por la picada de una hormiga roja, gigante como un hipopótamo, que me dejó el pie hinchado por un mes. Por un mes tuve que andar con una chancla por el mundo, porque no me podía poner otra cosa. Y de pronto esos desharrapados llegamos a Medellín, a mi Medellín, a un Medellín que parecía un paraíso. Y yo era, simplemente, Dios. Además, Nacional empezó a ponerse bueno otra vez, con una nómina de sólo colombianos, y ganó la Libertadores. Lo que nunca hizo el América de Rodríguez Orjuela con Cabañas y Falcioni.

Pero no todo fue chévere. Para comenzar, mi abuelo ya había muerto, y las reuniones de la familia en Navidad dejaron de existir. Ya no era importante que hubiera unos primos en el segundo piso de la casa y otros en el primero para poder coger los globos que mi abuelo hacía como desde julio para poder echarlos en Navidad. Mi abuela murió después, en mi casa en Bogotá. La prima segunda de la que me enamoré en unas vacaciones terminó saliendo con un traqueto al que luego mataron. Mis tíos le tuvieron que vender su edificio de lujo a un fulano que luego sería conocido simplemente como Pablo, Pablo Escobar. Dos primos míos murieron asesinados en las calles de Medellín. Una noche me despertó una balacera justo abajo del edificio de la familia. Vi a los asesinos correr. Vi al cadáver tirado en la calle, recién asesinado. Sentí el terror. Juré no volver a Medellín. Años después, cuando tuve que retirar la bandera de Colombia del edificio inglés en el que vivía durante el mundial de 1994, porque habían asesinado a Andrés Escobar, tuve la mayor humillación de mi vida. Los ingleses me preguntaban: "¿por qué los colombianos son así?".

Tal vez tengas razón. Tal vez Nacional ahora sea un equipo que no es honesto y que se ha dejado ganar por la ambición. Tal vez estés en lo correcto. Pero sólo tal vez. ¿Qué puedo hacer? Me gusta ver que te hierve la sangre. A mí también me ha hervido, y me he quemado. ¿Qué soy yo sino Colombia y su tragedia? Moriré blanco y verde, porque ya no puedo ser otra cosa. ¿Me gusta lo que soy, lo que veo en el espejo? Me trato con indulgencia. ¿Qué más puedo hacer?

El duelo entre ella y yo ha quedado saldado. No tengo que convencerla a ella de nada, ni ella a mí. Ella seguirá siendo hincha de La Equidad, o del Barcelona, y yo del Nacional. Pero ahora el mundo es lo suficientemente grande para los dos. Ahora los dos podemos coexistir en paz.