Thursday, March 31, 2011

11-03-31: A favor de la liberación sexual

Hace unos días, oí que un amigo mío se refería a un viejo conocido que tengo como un "sátiro", es decir, como una persona que no era muy selectiva a la hora de escoger sus parejas sexuales. El comentario de mi amigo no fue formulado como una cuestión de hecho, sino como un juicio moral, que sugiere que una persona sin mucho recato sexual es indeseable (por obvias razones, tanto el amigo como el viejo conocido no serán identificados).

Debo decir que el comentario de mi amigo no me pareció apropiado. Una de las formas más expeditas de arruinar la reputación de una persona es cuestionar su sexualidad. Uno nunca dice con buena voluntad que una persona, y en especial una mujer, es "perra" o "zorra". De hecho, llama la atención que buena parte de las palabras que se consideran como groserías tienen un alto contenido sexual: "hijo de puta, marica, huevón". Tomadas literalmente, estas groserías quieren decir que lo peor que uno puede ser es hijo de una puta, maricón, o alguna otra cosa por el estilo. Esto sugiere que la sexualidad ha estado sometida a una serie de terribles restricciones sociales y morales, que han construido un tabú sobre ella, y que siguen operando, a pesar de las liberaciones sexuales de los años 1920 y 1960.

Estas consideraciones me hacen pensar que al mundo todavía le hace falta mucho recorrido en materia de liberación sexual. La comunidad homosexual ha hecho muchos avances en lograr que su condición sea socialmente aceptada, pero todavía hay mucho camino por recorrer. El sufrimiento que se ha causado por las normas sociales que no les dejan a las personas vivir libremente su sexualidad ha sido enorme, y no me refiero solo a los homosexuales. Tal vez hoy Oscar Wilde ya no iría a la cárcel, pero el número de vidas que se han arruinado por no poder disfrutar su sexualidad normalmente ha sido demasiado grande. Yo soy de la opinión de que aplicar una moralidad estrecha a la sexualidad es equivocado, y creo que ese estado de cosas debe cambiar. La sexualidad es una parte muy importante y compleja de la naturaleza humana que, en síntesis, debería disfrutarse y no lamentarse.

La aproximación del cristianismo a la sexualidad ha sido particularmente dañina, y en eso no se distinguen mucho católicos de protestantes. La asociación entre sexualidad y "pecado" me parece nefasta. Mientras la visión católica es formalmente más estrecha, también ha producido entre sus creyentes una disociación mayor entre lo que se profesa y lo que se practica. Es una tragedia, por ejemplo, que los sacerdotes católicos hayan sido acusados recientemente de tantos casos de comportamiento sexual indebido con menores. Eso no hay forma de mirarlo con buenos ojos.

Pero lo que sí se puede mirar más benignamente es la sensualidad que se desarrolla en ciertos países católicos. Yo soy de los que creen que el Carnaval de Río es un evento que tiene más probabilidades de surgir en un país católico que en un país protestante. Hay algo de sabrosura en la noción católica de que, como mañana habrá penitencia, hoy lo que debe haber es sensualidad, puesto que el que peca y reza empata. Algunos católicos que han aprendido a disfrutar el sexo lo han aprendido a disfrutar precisamente porque es pecado. Esto quizás no sea enteramente deseable, porque crea una disonancia entre la norma y su cumplimiento, pero es preferible a no disfrutar el sexo porque es pecado.

De otra parte, mientras los protestantes se precian de practicar una religión más racional y menos dogmática, muy frecuentemente terminan por validar una visión muy pacata de la sexualidad, como sucedió durante la era victoriana en Gran Bretaña, o como sucede actualmente con la derecha política de los Estados Unidos.

Defiendo un sexo sin culpa, libre de la noción de pecado. Me parece correcto que los jóvenes de hoy tengan claro que no hay que esperar al matrimonio para tener sexo, y que la sexualidad puede estar desvinculada de la reproducción. Me parece que cada persona y pareja deben encontrar libremente su equilibrio sexual. Algunas personas aceptarán el sexo casual y otras no. Algunas personas verán una relación necesaria entre sexo y relación emocional, y otras no. Algunas personas preferirán tener solo una pareja sexual, otras preferirán un comportamiento más promiscuo. Algunas mujeres querrán ser madres solteras, otras no. Algunas parejas decidirán tener mucho sexo, otras poco. Algunas parejas aceptarán experiencia sexuales por fuera de la pareja, otras no. Algunas personas aceptarán prácticas especiales, como el sadomasoquismo, y otras no. Cada individuo y pareja deben encontrar las reglas de su sexualidad. Para esto, la libertad para hablar de temas sexuales debe ser la máxima posible. Un ambiente de misterio y secretismo no contribuye al diálogo abierto, y favorece comportamientos solapados que no son deseables.

Cuando defiendo el sexo sin culpa no defiendo un sexo irresponsable. No me preocupa que una persona sea promiscua, pero sí me preocupa que haya embarazos no deseados. Ahora, también creo que, si llegan a ocurrir, hay que manejarlos de manera sensible, y no, por ejemplo, echando a la niña de la casa, por "puta". Creo que los jóvenes deben aprender a usar las tecnologías que permiten separar el sexo de la reproducción.

También creo que el sexo debe ser considerado. Una vez definidas las reglas del comportamiento sexual en una pareja, deben ser respetadas. Algunas personas reclaman exclusividad sexual y, si esas son las reglas del juego, deben ser respetadas.

Me parece incorrecto que adultos induzcan al sexo a menores (aunque aquí hay que hacer precisiones: una cosa es que un joven de 20 años tenga sexo con una jovencita de 14; otra que un cincuentón sodomice a un niño de siete). La prostitución infantil me parece abominable.

Los controles para evitar la expansión de las enfermedades sexualmente transmitidas también me parecen fundamentales. Es claramente incorrecto que una persona con una enfermedad sexualmente transmisible tenga sexo con otra sin protegerse y sin advertir los riesgos. En síntesis, un sexo sin culpa no es un sexo irresponsable.

Ciertamente necesitamos una nueva era. Una era en la cual las diversas manifestaciones de una sexualidad sana puedan florecer sin tapujos. El sexo es una hermosa manifestación de la naturaleza humana. Creo que el sexo contribuye a la realización individual. Aquellos que viven sexualmente reprimidos carecen de una dimensión fundamental para la realización personal. El sexo, sin duda, es una fuerza poderosa, que debe ser encauzada, pero no reprimida. Hay que pasar de la mojigatería a una plena y bien entendida libertad sexual. Y, ciertamente, la crítica chismosa surgida del comportamiento sexual de terceros debe ser inexistente en una sociedad civilizada.

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